La
puerta sagrada de la mezquita de Sidi Yahia de Tombuctú ha sido atacada
por los yihadistas que controlan desde marzo esta ciudad del norte de
Malí. El lugar, junto con otros monumentos de esta ciudad del norte de
Malí, es Patrimonio Mundial de la Humanidad de la Unesco desde 1988.
Radicales islámicos destruyen uno de los mausoleos de Tombuctú
el pasado domingo
Esa
puerta ha permanecido siempre cerrada porque, según la creencia de los
habitantes, el día que se abra llegará en fin del mundo. «Derribando el muro que guarda el portón, han querido demostrar que no iba a pasar nada»,
explicó a ABC un vecino de la ciudad que ha sido testigo en los últimos
días de los destrozos, calificados como «furia destructiva» por el
Gobierno de Malí.
Una
vez comprobado que la vida sigue y que nadie ni nada está por encima de
Alá, como insisten los autores de los ataques, los yihadistas «tienen
la intención de volver a levantar el muro», aseguró el mismo vecino.
La
Corte Penal Internacional ha advertido de que esta fechoría y otros
ataques cometidos desde el sábado son considerados «crímenes de guerra»,
según dio a entender el domingo la nueva fiscal de este tribunal, la gambiana Fatou Bensouda,
durante un viaje a Senegal. «Tales actos son crímenes de guerra según
el Estatuto de Roma y compete a la Corte Penal Internacional perseguir y
castigar a los responsables de esos crímenes».
Países como Francia, Estados Unidos, España o Rusia, han lamentado esos «crímenes contra el patrimonio cultural de Malí» que «atentan irreversiblemente contra la historia y la memoria de un pueblo», según un comunicado en el que aparecen citados solo los tres mausoleos que fueron atacados el sábado, Sidi Mahmud, Sidi Mojtar y Alfa Moya. La destrucción ha seguido después y la lista es más amplia.
El
Ejecutivo de Mariano Rajoy apoya en el comunicado la «unidad
territorial» y el «restablecimiento de la normalidad democrática» de
Malí frente a los deseos de los independentistas tuareg y los
yihadistas.
Los
ataques que se están llevando a cabo en la mítica ciudad maliense no
tienen lugar en medio de combates ni se trata de instalaciones
militares. Los radicales islámicos son contrarios a la ristra de credos
sobre los que se apoya la tradición local, que aliña su fe musulmana con
devociones a morabitos y eruditos del entorno. No en vano, Tombuctú es conocida como la ciudad de los 333 santos.
La actitud de los guerrilleros no es nada tranquilizadora por mucho que tengan la intención de reconstruir el muro de la puerta de la mezquita. A lo largo del fin de semana ya habían saqueado media docena de los dieciséis mausoleos que, junto con sus cementerios, forman parte del riquísimo patrimonio de Tombuctú. También la población local asienta su fe en los santones que se encuentran ahí enterrados.
Esos ataques de los yihadistas son la respuesta a la inclusión de Tombuctú en la lista de Patrimonio Mundial en Peligro.
El conflicto armado que tiene lugar en el norte de Malí, donde grupos
como Ansar Dine, apoyado por Al Qaida del Magreb Islámico (AQMI), han
desplazado a la autoridad de Bamako han llevado a la Unesco a elevar el
grado de protección de esos monumentos.
La
mezquita de Sidi Yahia, del siglo XV, y las de Djingareyber y Sankoré
forman el tridente de los más valiosos lugares de culto de Tombuctú, al
menos hasta ahora.