Hace más de un año, en julio de 2011, un meteorito proveniente de Marte cayó en el desierto de Marruecos tras atravesar el cielo como si fuera una bola de fuego. Los fragmentos de la roca, llamada Tissint, pudieron ser recuperados y analizados por un equipo internacional de científicos, que ahora ha desvelado algunos de sus secretos en la revista Science. Los investigadores explican que el meteorito está compuesto por una gran cantidad de vidrio negro que puede contener suelo del Planeta rojo, pero no hay evidencias de ninguna antigua forma de vida. Aunque hubiera existido alguna vez, probablemente ese tesoro marciano habría sido destruido durante el viaje. Y es que la roca flotó por el espacio de 700.000 a un millón de años antes de precipitarse sobre la Tierra.
Tissint es un meteorito muy valioso. La mayoría de estas
rocas espaciales no se observan al caer, sino que se encuentran mucho
tiempo después -muchas de ellas en la Antártida- y deben ser sometidas a
una serie de comprobaciones para determinar su procedencia. Sin
embargo, la de Marruecos cayó en julio y sus restos comenzaron a
recuperarse en octubre, antes de que el contacto con el ambiente de
nuestro planeta comenzara a afectarle seriamente por la erosión o la
contaminación. Solo otros cuatro meteoritos marcianos han sido recogidos
tras contemplarse su caída.
Los análisis han desvelado que Tissint tiene una gran
cantidad de vidrio negro que puede contener suelo marciano. La roca
muestra evidencias de tres componentes distintos derivados del interior,
la superficie y la atmósfera de Marte. Para explicar la naturaleza de
la composición de Tissint, los autores proponen que la roca fue
desgastada por los fluidos derivados de la superficie del planeta rojo,
que atravesaron el suelo marciano. Estos fluidos se depositaron
posteriormente en las fisuras y grietas de la roca.
Ardiente fusión
Posiblemente, la roca salió disparada hacia el espacio
cuando un asteroide u otro cuerpo chocó contra Marte. Durante el choque
se produjo una fusión que pudo haber producido el cristal negro y
retenido en él las firmas químicas características de la superficie
marciana. Los científicos no han encontrado señales de ninguna antigua
forma de vida. «Debido a que la roca marciana fue sometida a un calor
tan intenso cualquier forma de vida microbiana que pudiera haber
existido en lo profundo de sus grietas habría sido destruida», señala
Chris Herd, investigador de la Universidad de Alberta que ha participado
en los análisis de la roca.
El rover Curiosity analiza en estos momentos sobre el terreno si Marte
pudo haber albergado vida alguna vez, pero los científicos creen que la
mejor oportunidad para aclarar el misterio es una misión que traiga a la Tierra rocas del Planeta rojo, algo que la NASA se propone conseguir en unos años.